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Luccreth moccu Chíara

Este temprano poeta, cuyo nombre se escribe en ocasiones Luccrad (o Luccraid) y a veces Lucrith, nació en la región sudoeste de la isla de Irlanda. Formó parte, por afiliación o familia, de los Ciarrage (esto es lo que indica la arcaica forma moccu que aparece en su nombre), cuyo héroe epónimo, Ciar, fue hijo de Fergus mac Róich (enemigo de Conchobar en algunas historias del Ciclo de Ulster).

Poco más sabemos de su vida, a parte de que podemos situar la producción de su obra en torno al año 665.

En cuanto a su obra, se le ha considerado un experimentador de nuevas métricas, al fusionar el verso aliterativo y silábico con formas acentuales y rítmicas. Se le atribuyen tres poemas, todos de tema genealógico.

· Ba mol Mídend midlaig («Fue la declaración profética de Midend, el necio»), cuenta la migración desde Ulster hasta las tierras de Munster por parte de los ancestros de los Corcu Óchae, que trazaban su ascendencia hasta Dubthach Dóeltenga (aliado de Fergus y también héroe del Ciclo de Ulster).

· Cú-cen-máthair («Sabueso sin madre») se centra en la genealogía de este rey de Munster, desde el mismísimo Adán. Este poema es el que nos permite fechar la producción de Luccreth, pues Cathal Cú-cen-máthair reinó entre los años 661 y 665. El poema incluye un listado de los 72 grupos que se dispersaron desde la llanura de Shinar (el nombre de Mesopotamia en la Biblia hebrea) después del desastre de la torre de Babel. Pero los nombres de estas gentes, que se acoplan al verso irlandés, no derivan del Génesis, sino del listado de lugares que, incluidas antiguas provincias romanas, son mencionados en los libros IX y XIV de las Etimologías de Isidoro de Sevilla.

· Connailla Mebd míchuru («Mebd organiza contratos malignos»), un poema de 73 líneas que contiene una de las referencias más tempranas a sucesos y personajes del Ciclo de Ulster. El poeta se refiere al material que presenta como sen-eolas («viejo conocimiento»), en el sentido de que eran tradiciones legadas por las generaciones anteriores.

El contenido de este último poema ocupa el exilio de Fergus mac Róich, héroe de Ulaid (nombre antiguo de Ulster), ordenado por el rey Conchobar, su marcha con la reina Mebd y su marido, Ailill mac Máta, y su implicación en la guerra en torno al castillo Ulaid. En esta versión, al contrario que en otros escritos del Ciclo, como El robo de ganado de Cooley, el exilio no se produce en Connacht, sino en Tara. Además no aparece el personaje de Cú Chulainn, cuyo papel en la defensa del castillo es realizado por Fiacc, hijo de Fergus. El poema se extiende un poco más, y cuenta cómo los descendientes de Cethern, héroe de Ulaid, se establecen en las tierras centrales y, en tiempos del rey Óengus se desplazan a la región de Munster, al sudoeste de la isla.

Beda el Venerable

Beda fue un monje benedictino que dio comienzo para los anglosajones al noble arte de registrar los hechos históricos de su época. Fue tal su afán, que lo poco que conocemos de su vida lo registró él mismo.

Nació en el año 672 o el 673, y con siete años ingresó en el monasterio de Wearmouth. Luego pasó al de Jarrow, donde, con tan sólo trece o catorce años (686), sobrevivió a una terrible plaga que sólo dejó dos vivos: Beda y el abad de la comunidad. Pasó el resto de su vida en el monasterio. A los 19 fue nombrado diácono, y sacerdote a los 30.

Su obra fue escrita casi en su totalidad en un latín claro y sin artificios. Escribió multitud de homilías y comentarios a pasajes de la Biblia, e incluso algunas traducciones al anglosajón que no han pasado la prueba de los siglos, así como las vidas de Cuthbert de Lindisfarne y los abades de Wearmouth y Jarrow. Fuera de la religión, compuso algunos tratadillos de gramática para sus alumnos, un trabajo sobre fenómenos naturales titulado De rerum natura y dos cronologías, De temporibus y De temporum ratione. Pero su obra principal es sin duda alguna Historia ecclesiastica gentis Anglorum (es decir, Historia eclesiástica del pueblo Anglo), donde compila la historia de Inglaterra desde los tiempos de César hasta su propia época. Fue terminada en el 731, momento en el que incluyó un pequeño anexo sobre su vida. En la obra, Beda se muestra preocupado por la fidelidad histórica de sus fuentes, y nunca deja de mirar críticamente los testimonios orales.

Uno de sus alumnos, llamado Cuthbert, escribió una carta con ocasión de la muerte de Beda, ocurrida en 735, donde pone en boca de su maestro unos versos en anglosajón. Aunque no dice que él los compusiera, parece lógico pensar que así fue. Pueden encontrar una traducción al castellano en la obra de Armando Roa Vial, Beowulf y otras lecturas anglosajonas; El cantar del hierro. Pero una vez más nos parece que se toma demasiadas licencias para presentar el texto (de hecho, lo deja en cuatro versos), y hemos decidido presentar una traducción que intenta recrear la aliteración del original.

Frente a la fatal jornada | nadie será
más prudente | que lo predicho para él
si considera | antes de su partida
que para su espíritu | lo perverso o lo bondadoso
tras el momento de su muerte | se determina

Fore ðæm nedfere | nænig wiorðe
ðonc snottora | ðon him ðearf siæ
to ymbhycgenne | ær his hinionge
hwæt his gastæ | godes oððe yfles
æfter deað dæge | doemed wiorðe

Literatura anglosajona temprana

La Inglaterra germánica (es decir, la formada por los diferentes reinos creados por anglos, sajones, jutos, pictos y otros pueblos germánicos, desde la caída del Imperio Romano y hasta la conquista normanda del año 1066) será la cuna de los primeros escritos en lengua vernácula. Este simple hecho testimonial dota a la literatura en inglés antiguo de una importancia capital.

El período no está exento de problemas sociales, y a las luchas intestinas entre sus regiones por la preponderancia política se sumaron los motivos religiosos. La progresiva cristianización de esta literatura (iniciada ya en el siglo VI) no eliminó los códigos germánicos de su aristocrática organización social. Al mismo tiempo, los monasterios de Northumbria se convertían en centros de filosofía, retórica y poética y, gracias a figuras como Beda y Alcuino, estas obras llegarán a influir en el desarrollo del esplendor carolingio.

Las obras de esta literatura están algo más alejadas del mundo mágico o mítico si las comparamos con otras poesías de cuño germánico (como los Eddas o El cantar de los Nibelungos). Lo más parecido a una cosmogonía es el relato de los hechos de padres o abuelos de los personajes, como sucede en las sagas, y los personajes no son dioses o héroes semidivinos, sino simples humanos, con sus grandezas y flaquezas. Gracias a esta dimensión humana, una cierta melancolía se apropia en ocasiones de los poemas, particularmente en aquellos momentos en que aparece la dolorosa conciencia sobre la vanidad de la vida o irrumpen la muerte o un destino funesto. Ni siquiera la esperanza en un más allá puede mitigar esta añoranza vital, y lo trágico adquiere tintes épicos al desahogarse, en cierto modo, en el molde de las virtudes caballerescas, el respeto al clan y al señor, la honra de la guerra y la belleza de la valentía.

La entrada del cristianismo no hizo sino reforzar la faceta más religiosa (o espiritual) de la cultura anglosajona, y sirvió de piedra angular para el sincretismo de los códigos éticos germánicos. La figura de Cristo pasará a contemplarse de alguna manera como la de un guerrero terrenal que lucha por el mandato de Dios, un símbolo más alejado de la dimensión humana.

En cuanto al idioma en que aparecen estas obras, el anglosajón o inglés antiguo está formado por diversos dialectos derivados de aquellas lenguas de las regiones germánicas del norte de Europa. Con sus raíces partiendo del tronco indoeuropeo, el anglosajón disponía de un sistema de declinación que no ha alcanzado al inglés moderno, y estructuras gramaticales, sintácticas y ortográficas propias.

Sobre el verso, es importante notar que, a diferencia de la poesía moderna, los poemas germánicos de la época no basaban su construcción en la rima o en el número de sílabas (como la poesía moderna), ni en la cantidad silábica (como el hexámetro clásico), sino en la aliteración: el verso germánico utiliza cuatro sílabas tónicas (dos en cada hemistiquio) con la característica de que el primer sonido de la tercera debe aliterar con el de la primera o la segunda (y preferiblemente con las dos). Como ejemplo, pongamos los versos 4-5 del Beowulf. Sirva también este escaso texto para comprobar la gran diferencia entre esta lengua y la de Chaucer; no digamos ya con la de Shakespeare.
Oft Scyld Scefing sceathena threatum,
monegum maegthum, meodosetla ofteah, 
{Oft Scyld the Scefing from squadroned foes,
from many a tribe, the mead-bench tore,} 
(A menudo Skild, el hijo de Skef, a las escuadras enemigas,
de muchas tribus, los bancos tomaba,)
Las obras también utilizan otros elementos típicos de la épica, como el epíteto, y otros propios de la poesía anglosajona, como los kenningar. Éste es un recurso metafórico que podríamos describir como un epíteto perifrástico que aparece sin su referente: si leemos «el mar, cuenco de olas» estamos ante un epíteto, pero en «discordia de espadas» (para hacer referencia a la guerra) nos encontramos con un kenning.

Otro rasgo de la poesía anglosajona es la figura del scop (traducido al castellano como escopo o escope, según las fuentes). En cierta forma parecido al skald (escaldo), el scop es un aedo o bardo, un depositorio e intérprete de historias que, convenientemente versificadas para su memorización, son transmitidas a la siguiente generación gracias a su trabajo. El rasgo peculiar del scop es su aparición dentro de la propia literatura como consejeros además de cronistas.

Entre las obras que nos han llegado escritas en anglosajón se cuentan sermones y vidas de santos (muy numerosas), traducciones de la Biblia y de obras de los llamados Padres de la Iglesia, crónicas y obras de historia narrativas, obras jurídicas y testamentos, obras prácticas sobre gramática, geografía o medicina, y, lo más importante para nosotros, poemas. Con algunas excepciones, sus autores quedaron anónimos. A continuación aparece una lista con las obras originales más importantes, ordenadas cronológicamente de forma aproximada (en la mayor parte de los casos es muy difícil dar una fecha dentro de un período extenso).
  • Himno de Caedmon, la única obra conservada del primer poeta anglosajón de nombre recordado. Caedmon murió en el año 680.
  • Obras de Beda el Venerable, un monje benedictino que vivió entre 672 y 735.
  • Un pequeño fragmento de La batalla de Finnsburg.
  • Manuscrito Cotton o Códice Nowell, una antología de obras diversas, formado al unirse dos códices diferentes. En el primero aparece la traducción por Alfredo el Grande de los Soliloquios de San Agustín, la traducción del Evangelio de Nicodemo, la obra Salomón y Saturno en prosa y un fragmento de la vida de San Quintín. En el segundo vitelo aparece la vida de San Cristóbal, la fantasiosa descripción Maravillas de Oriente, una traducción de la Carta de Alejandro a Aristóteles, y, sobre todo, Beowulf, el famoso poema épico. Este último, escrito entre los siglos VIII y XI (probablemente, entre 750 y 900).
  • Las obras del Libro de Vercelli, antología que combina prosa (una vida de San Guthlac y veintitrés homilías) y verso (seis poemas, incluyendo dos de Cynewulf). Data del siglo X.
  • Los poemas del Libro de Exeter, una antología donada a la catedral de dicha población en el siglo XI. Contiene obras diversas, incluyendo 95 adivinanzas y algunos poemas elegíacos (incluyendo dos de Cynewulf, como en el caso anterior).
  • El Manuscrito Junius, que contiene una pequeña colección de poemas ilustrados con paráfrasis o versiones del Génesis, el Éxodo y el Libro de Daniel, además de un poema de 729 versos sobre Cristo y Satán.
  • La batalla de Maldon, fragmento de 325 de un poema que narra la batalla del mismo nombre, ocurrida en el año 991. La versión que nos ha llegado debe de ser algo posterior, de finales del siglo XI.
  • Crónica anglosajona, los anales iniciados, probablemente, durante el reino de Alfredo el Grande. El más antiguo parece haberse iniciado en el año 891/2, mientras que en un caso se mantuvieron las actualizaciones hasta el 1154.
  • Durham, breve poema en honor de esta ciudad de Northumbria. Su fecha de composición se situaría poco más tarde del 1100.