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Libro de Vercelli

Llamado así por haberse encontrado en la Biblioteca Capitular de Vercelli, en Piamonte (norte de Italia), el Libro de Vercelli es un antiguo códice escrito en anglosajón antiguo. Su presencia en Vercelli se debe a la existencia de un hospicio para peregrinos ingleses, fundado hacia 1227 por el obispo Guala Bicchieri, quien fuera legado papal en Inglaterra.

El manuscrito se escribió y compiló en el siglo X, pero algunas obras (particularmente, los poemas de Cynewulf) pueden ser muy anteriores, y forman buena muestra de la literatura anglosajona temprana.

Contiene 23 homilías, un breve sermón sobre la vida de San Guthlac (basado en la Vita Santi Guthlaci de Félix -siglo VIII-), cinco poemas y un fragmento de un poema con rasgos de homilía. Esta selección podría haber sido organizada como inspiración personal, basada en su contenido sobre la penitencia y el trasmundo, y no parece haber un diseño ulterior en mente. El escriba realizó una copia bastante mecánica, pues mantuvo el dialecto de los textos originales, e incluso siguió los signos de puntuación. Esto nos sirve para saber que los textos proceden de fuentes diversas.

  • De las homilías, ninguna puede ser fechada, ni se les puede asignar un autor. Muchas parecen traducciones de textos latinos, aunque las escasas citas en latín dejan entrever que quien copiara el Libro de Vercelli no era muy ducho en esa lengua. En general, se presentan en el dialecto sajón occidental. Muchas de las homilías son sermones sobre temas variados, preparadas para ser pronunciadas a lo largo del calendario litúrgico. Otras dos (I y VI) son principalmente piezas narrativas que carecen de la estructura propia de las homilías. La homilía I trata la Pasión, tal y como aparece en los Evangelios y sin comentario alguno. Las homilías II-IV, VII, IX, X, XIV, XV y XXII tratan temas como el Fin del Mundo y el arrepentimiento ante el Juicio. Las homilías V y VI explican la Natividad, la XVI describe la Epifanía, y la XVII la Fiesta de la Candelaria. Las homilías XI-XIII y XIX-XXI forman sendas tríadas pensadas para los días previos a la fiesta de la Ascensión. La XVIII y la XXIII describen vidas de santos: San Martín y San Guthlac, respectivamente. La número XXII explora el destino del alma tras la muerte, pero parece más un escrito contemplativo que una homilía típica.
  • El poema Andreas cuenta la historia del apóstol Andrés, tomado como héroe literario. Parece que el texto, que cuenta con 1722 versos, está basado en una fuente latina derivada de Los hechos de Andrés y Mateo entre los antropófagos, obra griega del siglo IV. El desconocido autor del poema añadió los aspectos del héroe germánico a su protagonista, e incluso se ha hablado de cierta influencia del poema Beowulf. El primer medio millar de versos relata el viaje por mar de San Andrés, o Andreas, durante el cual confía en Dios para que encalme las aguas tormentosas. Con la ayuda de Jesús, que hasta el momento se ha hecho pasar por miembro de la tripulación, logra rescatar a San Mateo de los mermedonios, una raza de caníbales. Pero es atrapado y torturado, lo cual hace que el castigo de Dios caiga sobre Mermedonia. Sus habitantes se arrepienten y se convierten, y San Andrés puede marchar, no sin antes establecer un obispo para liderar a la comunidad.
  • Los poemas Destinos de los Apóstoles y Elena ya se han tratado al hablar sobre su autor, Cynewulf.
  • El poema Alma y cuerpo implora al cuerpo vivir de acuerdo al destino del alma, y no seguir los deseos de la carne. Existen dos versiones, que varían en estructura y longitud. La que aparece en el Libro de Exeter, con 126 versos, termina tras la alocución del Alma Maldita. La del Libro de Vercelli incluye 40 versos adicionales, que contienen un discurso paralelo, el del Alma Bendecida (en general se piensa que es un añadido posterior de otro poeta). Sin embargo, le faltan varias páginas que dejan el poema inconcluso.
  • El sueño de la Cruz está escrito en verso aliterado. Puede ser tan antiguo como la Cruz de Ruthwell (siglo VIII), ya que allí aparecen algunos versos, aunque hay evidentes diferencias. Su autor es desconocido, y no en pocas ocasiones se ha tratado de asignar a Caedmon o Cynewulf. Respecto a este último, es cierto que algunas características temáticas permiten relacionarlo con el poema Elena (la Cruz que sufre, un autor envejecido y más allá de los goces de la juventud), pero esto podría deberse a una influencia de dicha obra. Aparecen diversos elementos de influencia anglosajona, como un Cristo con una imagen similar a la de un señor de épocas heroicas o un árbol parlante que en cierto modo podría ser considerado una concesión a una cultura animista que debía ser cristianizada. El poema puede dividirse en tres secciones: en los versos 1-27, el narrador da inicio a su visión de una Cruz cuajada de gemas, en la que descubre manchas de sangre; en los versos 28-121, es la propia Cruz la que cuenta la Crucifixión desde su propio punto de vista (comenzando desde el momento en que es tallada a partir de un árbol y descubre que no soportará el peso de un criminal, pasando a ser uno con Cristo y siendo resucitada con él, y adornada con oro y plata); por último, en los versos 122-156, el autor reflexiona sobre su visión, da gracias a Dios y espera poder reunirse de nuevo con la Cruz.

Libro de Armagh

Este manuscrito ilustrado es conocido por diversos nombres: Libro de ArdmachanusCódice Ardmachanus o Canon de Patricio. Aunque está escrito en su mayor parte en latín, es un texto importante por contener los fragmentos más antiguos de irlandés antiguo que conservamos.

En un tiempo se creyó que el manuscrito perteneció a San Patricio, o que fue producido por él mismo, pero la parte más antigua del texto es el trabajo de Ferdomnach de Armagh (?-845/847), con la ayuda de dos escribas más. Ferdomnach lo inició para el sucesor de Patricio, el obispo Torbach, y murió en 845 u 846. Como Torbach, según los Anales de los Cuatro Maestros, fue nombrado obispo en 807 y murió en 808, el Libro de Armagh debió ser comenzado en algún momento de ese año.

Además de letras coloreadas en rojo, amarillo o verde y letras capitales con el estilo insular, el manuscrito contiene una miniatura para cada uno de los cuatro símbolos evangélicos. Su contenido puede dividirse en tres partes:
  • Textos relacionados con san Patricio: La Vita sancti Patri (una de las primeras biografías del santo, escrita por el monje Muirchú moccu Machtheni en el siglo VII); la Collectanea (una biografía escrita en primera persona para parecer del propio Patricio, obra del obispo Tírechán en la década de 660 o 670); notulae, sobre los hechos de Patricio y escrita en latín e irlandés, y additamenta, ambos insertados en el manuscrito con posterioridad; el Liber Angeli o Libro del Ángel, de la mano de Ferdomnach; y la Confessio del propio san Patricio, en forma abreviada.
  • Material del Nuevo Testamento: fragmentos bastante amplios derivados de la Vulgata, pero con varias características insulares y algunas adiciones interesantes. La lista completa incluye: un prefacio al Nuevo Testamento; interpretación de nombres hebreos; los cuatro Evangelios; Hechos de los Apóstoles; las epístolas de san Pablo (incluyendo una Carta a los laodicenses) que se presentan con los prefacios escritos por el moralista ascético Pelagius en el siglo IV; la Epístola de Santiago; epístolas de san Pedro; epístolas de san Juan Evangelista; la Epístola de Judas; el Libro de las Revelaciones; la carta de Jerónimo de Estridón al papa Dámaso I (escrita en 376 o 377); y los Cánones de concordancia entre Evangelios de Eusebio de Cesarea.
  • Una Vida de san Martín de Tours escrita por Sulpicio Severo a principios del siglo V.

Literatura germánica temprana

El primer período de la literatura medieval en lengua germánica se extiende desde la dinastía carolingia germana hasta mediados o finales del siglo XI. Las obras de este período, con alguna excepción, están escritas en alto alemán antiguo.

La literatura en esta lengua fue producida por los escribas de diversos monasterios (en particular la abadía de San Galo, en la actual Suiza; el monasterio de Reichenau, en el Lago de Constanza; y la abadía de Fulda, en el centro de la actual Alemania). Este interés por preservar la poesía épica en alto alemán antiguo por parte de los eruditos del renacimiento carolingio proviene en primer lugar del propio Carlomagno, quien ordenó que los lais épicos fueran registrados para la posteridad. Pero el celo religioso y la negligencia de las siguientes generaciones nos han dejado con una escasa muestra de esa literatura. Ya Ludovico Pío, hijo y sucesor de Carlomagno mandó destruir la colección paterna por su contenido pagano.

Ese origen en scriptoria eclesiásticos y este filtro de las generaciones posteriores explican por qué la mayor parte de estas obras son de naturaleza eclesiástica, y por qué el vocabulario utilizado muestra una clara influencia del latín eclesiástico. De hecho, muchas son traducciones de originales en latín, y alguna se ha conservado sólo porque fueron escritas en los espacios en blanco de códices religiosos.

Generalmente se toma al diccionario Abrogans como el texto más antiguo conservado. Se trata de un glosario latín - alto alemán antiguo, datado hacia 765-775, aunque los tres manuscritos que se conservan son algo posteriores (el más antiguo de 810). En origen era un glosario latino que explicaba expresiones poco comunes que aparecen en el latín bíblico, y posteriormente a una de sus copias se le añadieron sus equivalentes en alto alemán. Así fater > faterlih, pero pater > abba. Contiene unas 3760 palabras en alto alemán antiguo, 700 de las cuales no aparecen en ningún otro texto. El nombre de la obra procede de la primera palabra que aparece en el texto abrogans > dheomodi (alemán actual demütig : modesto, humilde).

La Oración de Wessobrunn y el Cantar de Hildebrand son los textos más antiguos que no dependen de originales latinos. Ambos se conservan en manuscritos del siglo IX, pero provienen de copias anteriores.

La Oración de Wessobrunn contiene una alabanza sobre la Creación, en nueve versos aliterados y un pequeño texto en prosa que, unido a lo anterior, constituye un pequeño rezo sobre la sabiduría y la fuerza para evitar el pecado. Esta estructura podría ser una reminiscencia de los hechizos germánicos, pues se repite en los Encantamientos de Merseburg. La obra toma su nombre de la abadía de Wessobrunn, en Baviera, lugar en el que su único manuscrito conservado residíó durante siglos (aunque no fue escrito en esta zona). El manuscrito, que contiene otros setenta textos cortos en latín, fue finalizado en el año 814 (se nombra la muerte de Carlomagno en la última página), aunque el texto es algo anterior, de la década de 790, y tal vez proceda de un modelo anglosajón anterior, adaptado a las misiones cristianas de la región.

Por su parte, el Cantar de Hildebrand es un breve texto heroico en verso aliterado. Se encuentra en dos hojas de pergamino, la primera y la última de un códice teológico, que se escribieron, por dos escribas distintos, en la década de 830. Se conservan 68 versos, y aunque el texto termina en mitad de una línea, se cree que no se han perdido más que una docena de versos. Se acepta que el contenido procede de una fuente oral, pero ciertos detalles parecen indicar que el copista no conocía de primera mano los procedimientos de la forma poética, así que el texto conservado, en el que aparecen extraños rasgos de sajón antiguo, debió ser copiado de alguna fuente intermedia. En cuanto al contenido, su trasfondo está escogido de material legendario sobre Teodorico, pero no hay evidencia histórica de los personajes. El texto cuenta el trágico encuentro en el campo de batalla entre padre e hijo. En las líneas iniciales, dos guerreros, probablemente los campeones de sus respectivos bandos, se preparan para luchar. Hildebrand, siendo el mayor, le pregunta a su rival su identidad y su parentela. El otro dice ser Hadubrand, y aunque no conoció a su padre, los ancianos le han dicho que fue Hildebrand, quien murió en el este al servicio de Dietrich (Teodorico), donde éste había huido para escapar de la ira de Otacher (Odoacro). Hildebrand le responde que no debe luchar contra un pariente tan cercano, y le ofrece unos brazaletes de oro, regalo del Señor de los Hunos. Hadubrand rechaza la oferta, acusando a Hildebrand de intentar engañarlo y tal vez de ser un cobarde. Hildebrand acepta su destino: el honor no le deja más opción que luchar contra su hijo. El poema concluye con el inicio de la lucha, cuando los escudos de ambos se quiebran. Otras fuentes del mismo relato, algo posteriores (una balada feroesa y un par de cantares nórdicos), ofrecen un par de posibles finales: o bien Hildebrand mató a su hijo (lo que sucede en las fuentes más antiguas), o bien hay una reconciliación después de que Hadubrand sea vencido (una concesión al espíritu cortés).

En un sajón antiguo algo artificioso se escribió el poema épico en verso aliterado Helliand (que significa salvador), una paráfrasis bíblica sobre la vida de Jesucristo. Sus seis millares de versos se conservan en dos versiones manuscritas y cuatro versiones fragmentarias, que pueden fecharse a comienzos del siglo IX. Su contenido sintético entre el sentimiento cristiano y la sociedad guerrera permite suponer que fue escrito para ayudar en la conversión de los sajones. Su texto no se basa directamente en el Nuevo Testamento, si no en el Diatessaron (el intento de fusionar los Evangelios atribuido a Taciano).

Del mismo período, y también en sajón antiguo, encontramos un Génesis, fuente del poema con el mismo título que, en anglosajón, se encuentra en el manuscrito Junius. El estilo es tan parecido al de Helliand que sus versiones iniciales podrían ser obra del mismo autor. Los tres fragmentos del Génesis aparecen en un manuscrito datado a mediados del siglo IX. El primero es una intervención de Adán después de la Caída; el segundo trata sobre Abraham y Sodoma; y el tercero sobre Caín y Abel. Aunque el texto conserva la aliteración y las expresiones formulaicas, la extensión de sus oraciones y el uso más extendido de partículas analíticas (en lugar de terminaciones de casos) son muestra de que pertenecen a una tradición escrita de mayor duración.

Otfrid de Wissenbourg es el primer poeta en lengua alemana cuyo nombre se ha conservado. Nacido hacia el 800, fue monje en la abadía de Wissenbourg. Escribió diversas obras en latín, incluyendo glosarios y comentarios bíblicos. En alto alemán antiguo escribió el Libro de los Evangelios, un conjunto de 7104 pareados que constituye la primera muestra de poesía con rima (en lugar de aliteración). Se trata de una armonía evangélica (una fusión de los cuatro Evangelios en un único texto sin contradicciones), conservada en cuatro manuscritos de la época (uno de ellos de forma fragmentaria). El texto fue completado entre 863 y 871. Es interesante que el propio autor escribiera un prefacio explicando sus motivos para escribir la obra en lengua vernácula, y que junto a las dedicatorias incluyera una carta que detallaba los problemas que había encontrado al escribir en alemán, tanto en ortografía como en gramática.

Datado también hacia 870 nos encontramos el bávaro Muspilli, otro ejemplo de cristianismo germánico primitivo. Un largo fragmento sobrevivió en los márgenes y páginas en blanco de un códice, pero el inicio y el final del poema no han llegado a nuestros días. El texto trata sobre el destino de las almas tras la muerte: los ejércitos del cielo y del infierno batallan por el alma de cada difunto, y el bando vencedor se lleva su trofeo. A continuación la obra se centra en otra batalla: la de Elías contra el Anticristo, que precederá al Día del Juicio. El Anticristo es vencido, pero la sangre que mana de las heridas de Elías caerá al mundo, quemándolo todo y trayendo el muspilli (una especie de cataclismo por fuego). El resto del poema se centra en la Resurrección y el Día del Juicio. Se ha teorizado sobre las conexiones entre el contenido y lo que sabemos sobre el Ragnarök : el Anticristo y Elías serían Surt y Thor, y muspelli palabra desconocida en otras obras veterogermanas, vendría de Muspelheim, el reino de fuego.

El breve Cantar de Ludovico celebra la victoria del ejército franco, liderado por Luis III, sobre los vikingos daneses en la batalla de Saucourt (881). Como quiera que habla del rey Luis en presente, y éste murió al año siguiente de la batalla, la fechación es trivial. El poema contiene 59 pareados en alto alemán antiguo, y se conserva en un manuscrito de la época. Aunque pertenece a un género germánico (la alabanza al guerrero), el poema sigue la ética cristiana, pues todo se cumple siguiendo la voluntad de Dios: los daneses han sido atraídos a las tierras francas para recordar los pecados de sus habitantes, mas el rey Luis también ha sido inspirado, y decide armar a sus tropas.

El incompleto Cantar de San Jorge cuenta con 57 versos, también en alto alemán antiguo. Su origen se sitúa en la abadía de San Jorge, fundada en 888 en la isla Reichenau (Lago de Constanza). El texto, compuesto en el siglo IX, fue transcrito hacia el año 1000, en el mismo manuscrito donde se encuentra una de las copias del Libro de los Evangelios.

Los Encantamientos de Merseburg son el único testimonio de la literatura germánica precristiana. Se trata de dos hechizos mágicos escritos en alto alemán antiguo, que fueron hallados en un libro litúrgico de Fulda, fechado en el siglo IX o X (aunque el texto de los Encantamientos podría ser incluso del siglo VIII). Su nombre procede del cabildo catedralicio de Merseburg, en cuya biblioteca fueron guardados. Cada ensalmo posee dos partes: un preámbulo con un suceso mitológico, y el hechizo en sí mismo, con la forma de una analogía mágica (algo así como: tal y como fue, puede volver a ser). Los versos muestran aliteración, pero también la rima propia de la poesía cristiana del siglo IX. La primera, más breve, es una bendición de liberación. Cuenta cómo unos espíritus femeninos liberaron a unos guerreros cautivos, y se desea que vuelva a suceder. La segunda muestra cómo Wodan sanó el pie torcido del caballo de Balder.

Dallán Forgaill

Poeta irlandés del siglo VI cuyo nombre era Eochaidh mac Colla. Nació hacia el año 530, en Magh Slécht, una llanura situada al borde sur del Ulster. Su padre era descendiente del rey semimítico Colla Uais, aunque él apellidará por el nombre de su madre, Forgaill. Su mote, Dallán («pequeño ciego») lo ganó tras perder la vista. Murió en 598, cuando unos piratas asaltaron el monasterio de Inniskeel, donde residía. El mito dice que fue decapitado, pero que Dios volvió a unir su cabeza a su cuerpo. Por su martirio fue santificado ya en el siglo XI.

Durante su vida fue nombrado Ollamh Érenn («Jefe Ollam de Irlanda»), y desde esta alta posición pudo reformar la Orden de Bardos durante la Convención de Drumceat. Sus obras principales, que se encuentran raramente traducidas, fueron elegías de santos, escritas en un lenguaje tan oscuro que los escribas posteriores incluyeron multitud de glosas: Amra Senain sobre San Seanán de Inis Cathaig, Amra Connaill sobre San Cenel, o Fo réir Coluim cén ad-fías y Amra Choluim Chille sobre San Columba de Iona. Esta última obra ha llamado la atención de los estudiosos desde siempre.

En primer lugar, porque las glosas, numerosas como ya hemos indicado, incluyen a su vez otros poemas, algunos relacionados con el Ciclo Feniano. Además, es la obra más antigua de la literatura irlandesa temprana que puede fecharse con seguridad: se terminaría de escribir poco después de la muerte de Columba, el 597, pero antes de la muerte de san Dallán, que ocurrió al año siguiente. El interés del poeta por san Columba se debe a que éste evitó la expulsión de los poetas de Irlanda.

Cynewulf

Al contrario de lo que sucede con Caedmon (poeta de quien sólo conocemos su breve Himno, pero del que poseemos algunos datos biográficos gracias a Beda el Venerable), la vida de Cynewulf es todo un misterio, si bien se han conservado obras suyas de cierta extensión.

De su vida, como decimos, poco se sabe. Sin duda fue un hombre letrado, y la temática de sus obras, el uso de fuentes latinas, y el profundo conocimiento de literatura eclesiástica y hagiográfica y del dogma católico romano dejan bastante claro su trasfondo religioso o monástico. Aunque las compilaciones en que aparecen sus obras (de la segunda mitad del siglo X) son traducciones al sajón occidental tardío, el dialecto de Cynewulf fue probablemente anglio, lo que permite suponer que vivió en Mercia o Northumbria. Del rastro de formas sajonas algo más tempranas puede deducirse que un escriba hizo una traducción anterior, a comienzos del siglo X. La forma de su nombre dada por el acróstico (Cynewulf en Juliana y Elena, Cynwulf en los otros dos), nos hace pensar que vivió en el siglo IX, pues en el anterior era más usada la forma Cyniwulf. Su verdadera identidad sigue siendo un misterio, por más que algunos estudiosos vean en él al Cynewulf que fue obispo de Lindisfarne y falleció en 783.

Lo que el propio Cynewulf nos deja claro gracias a un par de fragmentos de sus obras es su creencia en que la poesía era un don divino (en el epílogo de Elena el autor dice que «liberó el arte dentro de él») y que estaba asociada con la sabiduría (en Cristo II explica que «el hombre a cuya mente le ha sido dado el arte de la sabiduría puede decir y cantar toda clase de cosas»). También debemos hablar de sus dos personajes femeninos, alejados de la visión de santidad grecolatina, y más cercanos a los prototipos femeninos de la antigua literatura nórdica: son fuertes, más propensas a la persuasión física que verbal, y no se someten a los varones con los que se encuentran.

Aunque le fueron atribuidas multitud de obras, actualmente se piensa que sólo de aquéllas en las que aparecen intercaladas las runas que componen su nombre (a modo de acróstico) puede asegurarse su autoría. Son cuatro poemas narrativos, todos de tema cristiano: Juliana (sobre el martirio de la santa con ese nombre) y Cristo II (llamado La Ascensión por tratar ese tema) en el Libro de Exeter; Destinos de los Apóstoles (sobre la muerte de los Doce) y Elena (relato de la búsqueda de la Cruz por Elena de Constantinopla) en el Libro de Vercelli.

Las cuatro obras que se le atribuyen provienen de fuentes latinas, como homilías y hagiografías, y no directamente de la Biblia, a diferencia de otros poemas en inglés antiguo. En lo que sí coinciden con el resto de la tradición anglosajona es en estar escritas en verso aliterado (basado en la repetición de sonidos en las sílabas tónicas, como ya vimos al hablar de esta literatura). Por supuesto, se desconoce en qué orden fueron escritos, aunque Juliana y Destinos de los Apóstoles parecen menos maduros.

Juliana

Trata el martirio y la muerte de santa Juliana de Nicomedia. La historia se adaptó de una fuente latina hoy perdida. El poema está compuesto por 731 versos (aunque debido a los daños y pérdidas sufridos por el Libro de Exeter hay un par de huecos que sumarían entre 130 y 140 más). Entre sus rasgos estilísticos, algo menos vigorosos que en los otros poemas, merece una mención el uso de términos militares, que resaltan la lucha entre la protagonista, cristiana, y el resto de personajes, paganos, así como la imagen de la fe de aquélla como una fortaleza. La narración (que se sitúa en plena persecución de Diocleciano), comienza ilustrando la sufrida vida de los cristianos bajo el gobierno de Galerio Maximiano. Juliana, hija de Africano de Nicomedia, ha sido prometida en matrimonio a Eleusio, un rico senador amigo de Galerio. Juliana, que se ha convertido al cristianismo, rechaza casarse con un pagano, y Eleusio, que se siente insultado, recibe el consentimiento de Africano (quien también se siente insultado) para castigar a su hija. Después de ser desvestida, colgada del pelo, azotada y golpeada, la joven es encerrada en prisión. Allí es visitada por un demonio, que intenta convencerla de blasfemar diciendo ser un ser celestial. Ella reza, y luego sostiene un acalorado enfrentamiento verbal con el demonio, a quien humilla y obliga a confesar sus maldades. Acabada esta escena, Eleusio llega a la prisión y, ante la nueva negativa de Juliana, trata de que arda en la hoguera. Pero el fuego no toca ni su carne ni sus vestiduras, así que Eleusio manda que la decapiten.

Destinos de los Apóstoles

El más breve, con sólo 122 versos. Su narrador, que habla en primera persona, crea una canción sobre las diferentes muertes de los Apóstoles, recitando los sucesos clave vividos por cada apóstol tras la Ascensión de Jesús.

Cristo II

Una vehemente descripción de la ascensión de Cristo, con 427 versos. Entre sus diversas fuentes, la más importante es la homilía de san Gregorio Magno a propósito del mismo tema. El poema comienza señalando la importancia de la búsqueda de la verdad. Luego pasa a narrar lo que sucedió tras la crucifixión de Jesús y los cuarenta días que permaneció en la Tierra antes de su Ascensión: un gran número de ángeles llegó para llevárselo, y trataron de calmar el dolor de la gente. Luego el poema describe la importancia de las bendiciones divinas (comida, refugio, etc) y cuenta la encarnación de Jesús y su permanencia en el mundo con una bella imagen de un ave. Después de señalar las persecuciones sufridas por los cristianos, pasa a enumerar las seis transiciones de Jesús (encarnación, nacimiento, muerte, enterramiento, resurrección y ascenso). Finalmente, el poema recuerda tomar ejemplo de Jesús, pues se juzgarán todas las almas.

Elena

El más largo de los cuatro (1321 versos) y tal vez el menos antiguo, pues incluye una suerte de epílogo que implica que su autor es ya viejo al finalizar su composición. Es una adaptación de un texto en latín, probablemente de Acta Cyriaci. Describe el sufrimiento de Elena de Constantinopla en su búsqueda de la Sagrada Cruz (simbolizando la difusión del cristianismo), aunque el trasfondo es una anacrónica amalgama de las guerras del siglo IV que tuvieron lugar entre romanos, hunos y francos. El poema comienza con el emperador Constantino y la famosa escena en la que venció a sus enemigos gracias a la cruz (in hoc signo vinces). De regreso a casa, se hace bautizar y le pide a su madre, Elena, que acuda con un ejército a la tierra de los judíos para encontrar la verdadera cruz de la crucifixión. Elena amenaza a unos sabios judíos, y encierra a uno de ellos, de nombre Judas, en un pozo oscuro. Al séptimo día, el pobre ya no aguanta las privaciones y le muestra la colina donde fue crucificado Jesús. Encuentran allí tres cruces, y para averiguar cuál es la verdadera las sostienen sobre un cadáver: la tercera lo resucita, pues es la verdadera. Tras su conversión y bautizo, Judas (ahora llamado Ciriaco) busca los clavos de la cruz, encontrándolos gracias a una señal divina. Un sabio le aconseja a Elena que los clavos sean usados en el bocado de la montura de Constantino, para que nunca pierda una batalla. En un epílogo, Cynewulf cuenta su propia experiencia de metamorfosis espiritual, y describe su visión del Juicio Final.

Beda el Venerable

Beda fue un monje benedictino que dio comienzo para los anglosajones al noble arte de registrar los hechos históricos de su época. Fue tal su afán, que lo poco que conocemos de su vida lo registró él mismo.

Nació en el año 672 o el 673, y con siete años ingresó en el monasterio de Wearmouth. Luego pasó al de Jarrow, donde, con tan sólo trece o catorce años (686), sobrevivió a una terrible plaga que sólo dejó dos vivos: Beda y el abad de la comunidad. Pasó el resto de su vida en el monasterio. A los 19 fue nombrado diácono, y sacerdote a los 30.

Su obra fue escrita casi en su totalidad en un latín claro y sin artificios. Escribió multitud de homilías y comentarios a pasajes de la Biblia, e incluso algunas traducciones al anglosajón que no han pasado la prueba de los siglos, así como las vidas de Cuthbert de Lindisfarne y los abades de Wearmouth y Jarrow. Fuera de la religión, compuso algunos tratadillos de gramática para sus alumnos, un trabajo sobre fenómenos naturales titulado De rerum natura y dos cronologías, De temporibus y De temporum ratione. Pero su obra principal es sin duda alguna Historia ecclesiastica gentis Anglorum (es decir, Historia eclesiástica del pueblo Anglo), donde compila la historia de Inglaterra desde los tiempos de César hasta su propia época. Fue terminada en el 731, momento en el que incluyó un pequeño anexo sobre su vida. En la obra, Beda se muestra preocupado por la fidelidad histórica de sus fuentes, y nunca deja de mirar críticamente los testimonios orales.

Uno de sus alumnos, llamado Cuthbert, escribió una carta con ocasión de la muerte de Beda, ocurrida en 735, donde pone en boca de su maestro unos versos en anglosajón. Aunque no dice que él los compusiera, parece lógico pensar que así fue. Pueden encontrar una traducción al castellano en la obra de Armando Roa Vial, Beowulf y otras lecturas anglosajonas; El cantar del hierro. Pero una vez más nos parece que se toma demasiadas licencias para presentar el texto (de hecho, lo deja en cuatro versos), y hemos decidido presentar una traducción que intenta recrear la aliteración del original.

Frente a la fatal jornada | nadie será
más prudente | que lo predicho para él
si considera | antes de su partida
que para su espíritu | lo perverso o lo bondadoso
tras el momento de su muerte | se determina

Fore ðæm nedfere | nænig wiorðe
ðonc snottora | ðon him ðearf siæ
to ymbhycgenne | ær his hinionge
hwæt his gastæ | godes oððe yfles
æfter deað dæge | doemed wiorðe

Himno de Caedmon

Caedmon es el más antiguo poeta anglosajón cuyo nombre ha llegado a nosotros, aunque conocemos poco más sobre su vida, y de sus obras sólo se nos ha conservado una.

Procedía de Northumbria, y parece que fue ordenado monje a edad avanzada, mudándose al monasterio mixto de Streonæshalh en algún momento del abadengo de Hilda (657-681). La Historia ecclesiastica gentis Anglorum, obra de Beda, sugiere que murió aproximadamente al mismo tiempo que ardía el monasterio de Coldingham. Pero este hecho no está bien fijado en el tiempo, ya que la Crónica anglosajona lo sitúa en el año 679, y Beda lo hace después del 681. Como quiera que la siguiente entrada de la Historia ecclesiastica es del 684, podemos decir que el período de actividad de Caedmon empezaría entre 657-680 y acabaría en algún punto de 679-684.

La única otra información que nos llega de él procede de una anécdota de Beda el Venerable: mientras los monjes llevaban a cabo una celebración con cantos, Caedmon se apartó de ellos pues no sabía cantar. Luego, durante el sueño, alguien se le acercó y le encargó que cantase sobre el principio de lo creado. Caedmon logró componer un poema aliterado, que a la mañana siguiente transcribió. Es, por tanto, una explicación sagrada sobre la inspiración del poeta, y sin apenas importancia histórica.

Otro detalle nos indica Beda: que Caedmon compuso muchos poemas en lengua vulgar sobre una variedad de temas cristianos. Sin embargo, sólo quedan los versos iniciales de una obra, y gracias a la cantidad de copias de la Historia ecclesiastica. Así, el Himno de Caedmon aparece en veintiún manuscritos diferentes, y en dos dialectos (el sajón occidental y el de Northumbria). Además de su valor testimonial, la importancia de este poema radica en el uso de estructuras anteriormente relacionadas con la veneración de nobles y reyes para referirse a la divinidad. Así, la expresión ricaes uard (guardian del reino) se traspasa a hefaenricaes uard (guardián del reino de los cielos).


En castellano tenemos una traducción por Luis y Jesús Lerate, en el libro Beowulf y otros poemas antiguos germánicos (ss. VII-VIII), además de otra de Armando Roa Vial, en Beowulf y otras lecturas anglosajonas; El cantar del hierro. Pero nos parece que este último se toma demasiadas licencias para presentar un texto estéticamente adecuado a nuestro tiempo, mientras que los hermanos Lerate, buscando la claridad, tienden a parafrasear algunos términos y a desordenar en exceso los hemistiquios. Pueden encontrar una traducción al latín realizada por Beda y una traducción al inglés moderno en este artículo. Por nuestra parte, nos hemos servido de todas estas versiones para ofrecer un intento de traducción, donde hemos intentado recrear la aliteración del original. Recordemos que el verso anglosajón no se basa en la rima o en el número de sílabas, sino en la repetición de sonidos (aliteración) al comienzo de las sílabas tónicas (que se reparten de dos en dos en los hemistiquios): la tercera sílaba tónica tendrá el mismo sonido que la primera o la segunda, usualmente ambas. Les dejo con nuestra pobre intentona, seguida de una de las versiones en el anglosajón original:

ahora debemos adular | al adalid del reino celestial
el poder del productor | y su propósito
las obras del creador glorioso | pues a cada maravilla
el señor eterno | le infundió su origen.
Primero creó | para los hijos de la tierra*
el firmamento como techumbre | solemne creador;
luego la tierra-media | amparo de la humanidad;
el señor eterno | después creó
la especie humana** | padre todopoderoso

nu scylun hergan | hefaenricaes uard
metudæs maecti | end his modgidanc
uerc uuldurfadur | swe he uundra gihwaes
eci dryctin | or astelidæ
he aerist scop | aelda barnum
heben til hrofe | haleg scepen
tha middungeard | moncynnæs uard
eci dryctin | æfter tiadæ
firum foldu | frea allmectig

*En algunas versiones: para los hijos de los hombres.
**Esto se traduce según la versión como la tierra para los hombres o bien para los hombres de la tierra. Parece más lógica esta última, pero eliminando la finalidad: los hombres de la tierra.

Literatura anglosajona temprana

La Inglaterra germánica (es decir, la formada por los diferentes reinos creados por anglos, sajones, jutos, pictos y otros pueblos germánicos, desde la caída del Imperio Romano y hasta la conquista normanda del año 1066) será la cuna de los primeros escritos en lengua vernácula. Este simple hecho testimonial dota a la literatura en inglés antiguo de una importancia capital.

El período no está exento de problemas sociales, y a las luchas intestinas entre sus regiones por la preponderancia política se sumaron los motivos religiosos. La progresiva cristianización de esta literatura (iniciada ya en el siglo VI) no eliminó los códigos germánicos de su aristocrática organización social. Al mismo tiempo, los monasterios de Northumbria se convertían en centros de filosofía, retórica y poética y, gracias a figuras como Beda y Alcuino, estas obras llegarán a influir en el desarrollo del esplendor carolingio.

Las obras de esta literatura están algo más alejadas del mundo mágico o mítico si las comparamos con otras poesías de cuño germánico (como los Eddas o El cantar de los Nibelungos). Lo más parecido a una cosmogonía es el relato de los hechos de padres o abuelos de los personajes, como sucede en las sagas, y los personajes no son dioses o héroes semidivinos, sino simples humanos, con sus grandezas y flaquezas. Gracias a esta dimensión humana, una cierta melancolía se apropia en ocasiones de los poemas, particularmente en aquellos momentos en que aparece la dolorosa conciencia sobre la vanidad de la vida o irrumpen la muerte o un destino funesto. Ni siquiera la esperanza en un más allá puede mitigar esta añoranza vital, y lo trágico adquiere tintes épicos al desahogarse, en cierto modo, en el molde de las virtudes caballerescas, el respeto al clan y al señor, la honra de la guerra y la belleza de la valentía.

La entrada del cristianismo no hizo sino reforzar la faceta más religiosa (o espiritual) de la cultura anglosajona, y sirvió de piedra angular para el sincretismo de los códigos éticos germánicos. La figura de Cristo pasará a contemplarse de alguna manera como la de un guerrero terrenal que lucha por el mandato de Dios, un símbolo más alejado de la dimensión humana.

En cuanto al idioma en que aparecen estas obras, el anglosajón o inglés antiguo está formado por diversos dialectos derivados de aquellas lenguas de las regiones germánicas del norte de Europa. Con sus raíces partiendo del tronco indoeuropeo, el anglosajón disponía de un sistema de declinación que no ha alcanzado al inglés moderno, y estructuras gramaticales, sintácticas y ortográficas propias.

Sobre el verso, es importante notar que, a diferencia de la poesía moderna, los poemas germánicos de la época no basaban su construcción en la rima o en el número de sílabas (como la poesía moderna), ni en la cantidad silábica (como el hexámetro clásico), sino en la aliteración: el verso germánico utiliza cuatro sílabas tónicas (dos en cada hemistiquio) con la característica de que el primer sonido de la tercera debe aliterar con el de la primera o la segunda (y preferiblemente con las dos). Como ejemplo, pongamos los versos 4-5 del Beowulf. Sirva también este escaso texto para comprobar la gran diferencia entre esta lengua y la de Chaucer; no digamos ya con la de Shakespeare.
Oft Scyld Scefing sceathena threatum,
monegum maegthum, meodosetla ofteah, 
{Oft Scyld the Scefing from squadroned foes,
from many a tribe, the mead-bench tore,
(A menudo Skild, el hijo de Skef, a las escuadras enemigas,
de muchas tribus, los bancos tomaba,)
Las obras también utilizan otros elementos típicos de la épica, como el epíteto, y otros propios de la poesía anglosajona, como los kenningar. Éste es un recurso metafórico que podríamos describir como un epíteto perifrástico que aparece sin su referente: si leemos «el mar, cuenco de olas» estamos ante un epíteto, pero en «discordia de espadas» (para hacer referencia a la guerra) nos encontramos con un kenning.

Otro rasgo de la poesía anglosajona es la figura del scop (traducido al castellano como escopo o escope, según las fuentes). En cierta forma parecido al skald (escaldo), el scop es un aedo o bardo, un depositorio e intérprete de historias que, convenientemente versificadas para su memorización, son transmitidas a la siguiente generación gracias a su trabajo. El rasgo peculiar del scop es su aparición dentro de la propia literatura como consejeros además de cronistas.

Entre las obras que nos han llegado escritas en anglosajón se cuentan sermones y vidas de santos (muy numerosas), traducciones de la Biblia y de obras de los llamados Padres de la Iglesia, crónicas y obras de historia narrativas, obras jurídicas y testamentos, obras prácticas sobre gramática, geografía o medicina, y, lo más importante para nosotros, poemas. Con algunas excepciones, sus autores quedaron anónimos. A continuación aparece una lista con las obras originales más importantes, ordenadas cronológicamente de forma aproximada (en la mayor parte de los casos es muy difícil dar una fecha dentro de un período extenso).
  • Himno de Caedmon, la única obra conservada del primer poeta anglosajón de nombre recordado. Caedmon murió en el año 680.
  • Obras de Beda el Venerable, un monje benedictino que vivió entre 672 y 735.
  • Un pequeño fragmento de La batalla de Finnsburg.
  • Manuscrito Cotton o Códice Nowell, una antología de obras diversas, formado al unirse dos códices diferentes. En el primero aparece la traducción por Alfredo el Grande de los Soliloquios de San Agustín, la traducción del Evangelio de Nicodemo, la obra Salomón y Saturno en prosa y un fragmento de la vida de San Quintín. En el segundo vitelo aparece la vida de San Cristóbal, la fantasiosa descripción Maravillas de Oriente, una traducción de la Carta de Alejandro a Aristóteles, y, sobre todo, Beowulf, el famoso poema épico. Este último, escrito entre los siglos VIII y XI (probablemente, entre 750 y 900).
  • Las obras del Libro de Vercelli, antología que combina prosa (una vida de San Guthlac y veintitrés homilías) y verso (seis poemas, incluyendo dos de Cynewulf). Data del siglo X.
  • Los poemas del Libro de Exeter, una antología donada a la catedral de dicha población en el siglo XI. Contiene obras diversas, incluyendo 95 adivinanzas y algunos poemas elegíacos (incluyendo dos de Cynewulf, como en el caso anterior).
  • El Manuscrito Junius, que contiene una pequeña colección de poemas ilustrados con paráfrasis o versiones del Génesis, el Éxodo y el Libro de Daniel, además de un poema de 729 versos sobre Cristo y Satán.
  • La batalla de Maldon, fragmento de 325 de un poema que narra la batalla del mismo nombre, ocurrida en el año 991. La versión que nos ha llegado debe de ser algo posterior, de finales del siglo XI.
  • Crónica anglosajona, los anales iniciados, probablemente, durante el reino de Alfredo el Grande. El más antiguo parece haberse iniciado en el año 891/2, mientras que en un caso se mantuvieron las actualizaciones hasta el 1154.
  • Durham, breve poema en honor de esta ciudad de Northumbria. Su fecha de composición se situaría poco más tarde del 1100.